Filosofía

Naturaleza:

Naturaleza

En la primera infancia, unas de las necesidades primordiales de desarrollo de los niños y las niñas son las de carácter sensorial y motor, es decir, necesitan experiencias donde involucren los sentidos de la vista, el tacto, el oído, el olfato y el gusto; integren el movimiento y desarrollen su equilibrio, la experimentación es un fin en sí misma; no hay más finalidad en la acciones que la de sentir y experimentar. Por eso pasamos la mayor parte del tiempo en la naturaleza, un lugar lleno de sensaciones, un lugar para “vivir la vida”. Salimos a diario y elegimos a donde ir; al monte; a la laguna; nos quedamos en el fresno… y volvemos con nuevas aventuras por contar.

Ahora más que nunca, con el desarrollo de las nuevas tecnologías, necesitan experiencias reales. Un niño debería aprender lo que es una flor viéndola en el campo, observándola en su contexto, con sus hojas y sus ramas y las plantas que la rodean. Que pueda cogerla y tocarla, arrancar sus pétalos y hacerlo tanto con una flor de hojas suaves como con una de tallo espinoso. Descubrir que un día nació y que con el tiempo pierde sus colores. Es fundamental que conozcan su propio entorno antes de conocer otros mundos, en vivo y en directo, sin pantallas y sin bandas sonoras.

En la etapa de 3 a 6, el niño es especialmente curioso, su pregunta favorita es “¿qué es?”. Le encanta salir a explorar, buscar juegos en soledad o hacer planes con amigos.

Buscan un tronco que sirva de puente para cruzar a la isla o prueban a saltar chapoteando en el agua. Todos estos juegos se dan con mayor facilidad en la naturaleza, donde los elementos de que disponen no son estructurados y todo está por hacer, en un espacio abierto, cambiante, con un terreno irregular y donde hay obstáculos por saltar. Aquí ellos se empoderan al subir a una montaña y gritan: ¡Soy el más alto!

Cada día es diferente y esta variedad de situaciones hace que su desarrollo sea potenciado.

Ambiente preparado:

Ambiente preparado

En Aúlla disponemos de un entorno adaptado que permite libertad y seguridad a la hora de descubrir sus capacidades y limitaciones. Mobiliario y material acorde con su etapa de desarrollo. Espacios ricos y entornos naturales que promueven la observación, la libre manipulación y experimentación. Nuestros materiales son en su mayoría naturales, ecológicos y de reciclaje prestando gran interés en su selección y cuidado.

Juego libre:

Juego libre

 

El juego es el principal motor de desarrollo del niño. Constituye su medio natural de expresión y crecimiento. En la infancia se desarrollan varios tipos de juego, pero es especialmente importante el juego simbólico por el cual pone en contacto sus necesidades más íntimas con en el entorno. Para beneficiarse de sus virtudes es fundamental que se haga de forma libre y espontánea, intentando no interferir y dejando que lleguen al “flow” (punto álgido de concentración en el juego) donde el niño es, se expresa cómo siente e integra experiencias vividas. En el juego el niño controla la situación, nadie le dice lo que tiene o no tiene que hacer, no le obliga, le regaña, le dirige… puede abrir sus alas y volar…

Respeto:

Autonomía

Hablamos de respeto en el amplio sentido de la palabra: el respeto por uno mismo, por los demás, por el entorno, por los procesos biológicos, por las necesidades y los ritmos de cada uno, por las emociones y expresión de éstas… Estamos a favor de una educación libre de autoritarismos, donde el niño pueda elegir y decidir sobre sí mismo. Nos apoyamos en la Comunicación compasiva o comunicación no violenta como herramienta valiosa para el trato. Aquí no existen ni premios ni castigos, ni manipulación o chantaje, ni culpa, juicios o etiquetas. Apostamos por el respeto, el amor, la empatía, la sinceridad, el interés y la presencia del adulto. Aceptamos a cada niño tal y como es, sus necesidades, emociones y sentimientos y su forma de expresarlos.

Autonomía:

Los niños necesitan tiempo y espacio para investigar el mundo. Tiempo para saber qué quieren en lugar de desear lo que los adultos deseamos. Cuando los adultos controlamos al milímetro la infancia de los niños, estos pierden todo lo que les da satisfacción por la vida: pequeñas aventuras, viajes secretos, juegos, contratiempos, momentos de silencio o de gritos, o momentos de soledad o tristeza como emociones que van unidas a la vida. Esto junto con unos límites claros y bien establecidos sirve para que el niño gane en independencia.